La orilla de su memoria
El apartamento olía a despedida. Era una fragancia compleja y agridulce, una mezcla del polvo de los recuerdos removidos, el olor a cartón de las cajas apiladas y la ausencia de los aromas familiares que habían impregnado aquellas paredes durante cuarenta años. Elena sintió un nudo en la garganta nada más entrar. Aquel no era solo un piso en un barrio obrero de L'Hospitalet; era el único mapa de su infancia, y sus padres lo estaban borrando, caja por caja.